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martes, 6 de marzo de 2012

POR QUÉ LA FUNDACIÓN DE IGLESIAS SE DEBE CLASIFICAR CON R



Las tres palabras más importantes en la fundación de iglesias siempre han sido y siempre serán: relación, relación, y relación.
Por Jonathan Gainsbrugh
¿Por qué el establecimiento de iglesias se debe clasificar con R? Porque Dios es un Dios que se clasifica así: su libro y su evangelio se clacifican con R, y su iglesia debe clasificarse con R.
¿Qué significa clasificar con R? No me refiero a religión, religiosidad, ritualismo, y reglamentos. La clasificación con R se refiere al establecimiento de iglesias fundamentadas en relaciones, fortalecidas por relaciones, dedicadas a relaciones, y que dan prioridad a relaciones.
En agosto de 1969, dos hippies descalzos que hacían dedo a los vehículos que pasaban por las afueras de Sacramento, California, preguntaron a un transeúnte y futuro fundador de iglesias: “¿Conoce algun parque donde podamos dormir?”
Archie Brooks, estudiante de diecinueve años del instituto bíblico (pastor fundador de Transformation Assembly of God, Friday Harbor, Washington), dijo: “Vengan conmigo; yo los ayudaré.”
Archie nos llevó a su casa. Ese verano, él estaba alojado en casa de los padres de un amigo del instituto bíblico. Después de la cena y una enorme frutera de melocotones frescos, los doshippies fuimos al traspatio con nuestras bolsas de dormir. Cuando salimos, la mujer dijo a su esposo: “Cariño, no creo que esos jóvenes estén casados.”
Él respondió: “Relaciones, mi amor. Esta gente ha ido tan lejos, que una noche más no significa mucho.”
Pero en este caso sí tuvo un gran significado, un significado eterno.
Philoxenos es el amor de extraños. Jesucristo llama a su iglesia no sólo al amor fraterno (philadelphos), sino al amorphiloxenos: dar la bienvenida a extraños descalzos y a acogerlos en la familia de Dios.
LA CLASIFICACIÓN R PONE A LA RELACIÓN EN EL ASIENTO DEL PILOTO
La clasificación R no quiere decir que la relación es un pasajero más en el autobús. La relación es realmente el piloto del vehículo.
Jesús fue la persona que más relaciones estableció. Considerando que Dios es amor y Jesucristo es Dios encarnado, quién se atrevería a afirmar lo contrario.
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Él dijo: “Venid y ved” (Juan 1:39) y organizó su primer núcleo de seguidores. ¿No hace lo mismo hoy a través de su iglesia y su pueblo, y sobre todo cuando se fundan iglesias?
La respuesta es afirmativa.
TRÁGICOS RESULTADOS — CUANDO R ES RELIGIÓN
Correcto Incorrecto
____ ____ 300.000 iglesias evangélicas de los Estados Unidos no crecieron en los últimos veinte años.
____ ____ En 12.362 iglesias de las Asambleas de Dios en Estados Unidos en 2007, la asistencia del domingo por la mañana sólo aumentó en un total de 7.685 personas
____ ____ Con 444.918 conversiones en 2007, treinta y ocho distritos de las Asambleas de Dios de los Estados Unidos (de 59) informaron un resultado menor al final del año.
____ ____ En 2007 fundamos 309 iglesias de las Asambleas de Dios (cerramos 258) y experimentamos una ganancia neta de 51 iglesias en los Estados Unidos.
Algo muy importante falta en la iglesia norteamericana cuando cincuenta millones de evangélicos no producen crecimiento alguno.
Hemos canjeado nuestra primogenitura por un plato de lentejas. Llamo a esto deficiencia de vitamina R.
En 1914, trescientas catorce personas iniciaron las Asambleas de Dios en Hot Springs, Arkansas, diciendo: “Nos dedicamos a la mayor evangelización que este mundo haya visto jamás.”
Noventa y seis años después, es difícil explicar cómo un promedio de 1,5 iglesias de las Asambleas de Dios en los Estados Unidos han experimentado un crecimiento de sólo uno durante todo un año.
Vince Lombardi, entrenador campeón del equipo de la Liga Nacional de Fútbol, es famoso por haber dicho a su equipo a la zaga: “Señores, esto es un balón de fútbol.”
Se dice que un fornido jugador de línea repondió al dicho de Lombardi: “Entrenador, ¿pudiera decirlo un poco más lento?”
Eso es lo que yo me propongo hacer: explicar con lentitud y cuidado algunos detalles esenciales de la clasificación R.
DESARROLLO DE UNA CARENTE TEOLOGÍA DE RELACIONES: “RELACIONOLOGÍA”
Los institutos bíblicos presentan una colección de énfasis bíblicos: la infalibilidad de la Biblia, la Trinidad, el nacimiento virginal, la divinidad de Cristo, y la Expiación. No obstante, nos falta una teología de la relación. Esto es lo que he llamado una “relacionología” basada en la Biblia.
Pida a los creyentes que citen palabras que describen a Dios. Dicen omnipotente, omnisciente, omnipresente, y santo. Dios es amor, es justo e inmutable. Dios es luz. Él es un Dios celoso. ¿Alguna vez ha oído la R en la lista?
¿Qué revela de nuestra teología tal trivial énfasis en la relación? No estamos enseñando la fe bíblica y eficaz que corresponde a la categoría R.
El Dios de la Biblia es el Dios de la R: relación. Servimos a un Dios que, en su esencia trinitaria, es una comunidad. Servimos a un Dios que es una relación eterna. Él es el Dios que en el principio mismo dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26).
El apóstol Pablo, misionero fundador de iglesias, escribió en Efesios 3:14,15: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia (pas patria; toda la familia, todas las relaciones) en el cielo y en la tierra.” La Biblia, la carta personal de Dios al hombre, no es la única manera en que Él da a conocer su amor. Dios quiere que la iglesia también lo transmita.
La relación es la marca registrada de Dios. Desde el principio la relación latió en el corazón de Dios. Nuestro Señor es un Padre que se da a conocer, un Dios de amor que se complace en la relación, en la comunidad, y en la conexión.
El Dios de la Biblia es el Dios del pacto. Pacto es relación. En el Antiguo Testamento abundan los hombres y las mujeres de categoría R que conocieron a un Dios que anhela ser conocido: Enoc que caminó con con Dios y fue llevado al cielo, Abraham el amigo de Dios, o David un hombre conforme al corazón de Dios.
Hebreos 11, la galería de los héroes de la fe, menciona a muchos hombres y mujeres que por fe taparon la boca de leones, vieron caer los muros de Jericó, y ganaron batallas. La fe de ellos se escribe con una gran R no por conocimiento intelectual, sino por relación. Además, el Dios del Antiguo Testamento promete un futuro nuevo pacto con su pueblo de íntima relación.
En Jeremías 31:31,33,34, el profeta escribe: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová.”
Ezequiel dice: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26,27).
Hemos recibido una distorsión de la fe hebrea original. Después de haber sido una poderosa fe de categoría R, que transforma vidas y relaciones, se ha diluido hasta convertirse en una debilitada creencia helénica, con un trasfondo filosófico neognóstico. Pero debemos escribir fe con R. El Dios de los hebreos lo es también de las personas como individuos: Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob; Dios de _________ (escriba su nombre). Se le ha presentado de una manera errada, como el Dios de una fe cerebral, basada en el conocimiento.
La original fe de relaciones categoría R se ha convertido en una falsificación mental. El resultado: usamos excesivamente las palabras creer y fe en vez de relación. Después nos preguntamos por qué millones dicen: “Ya probé, pero no resultó.”
Una persona puede decir que tiene fe en Abraham Lincoln. Puede creer en él y afirmar que vivió aunque no haya tenido relación alguna con él porque nunca lo conoció. Así también es la fe de muchos en el Señor Jesucristo.
Una persona puede tener fe o creer en una filosofía o una cosa, incluso tener fe en la silla en la que se sienta. Usted pudiera creer en una silla, pero eso no significa que tenga una relación con un objeto. Sólo podemos relacionarnos con las personas.
Al evitar la palabra relación, en su defecto recurrimos a la palabra creer, e incluso traducimos culturalmente creer como “simple conformidad mental”. La desconexión es enorme y letal. El endemoniado gadareno sabía quién era Jesús. Él clamó: “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?” (Marcos 5:7).
A veces los “llamados a la salvación” se valen de Romanos 10:9 de manera ambigua, y entonces la fe se confunde con una creencia simplemente mental, no de relación. “Si confesares con tu boca… y creyeres en tu corazón.” La palabra creer(pisteo) fácilmente se confunde con una simple creencia mental. Leemos en Santiago 2:19: “También los demonios creen, y tiemblan.” La mala interpretación puede inducirnos a pensar que Satanás mismo es un creyente. En su corazón el diablo sabe lo que confiesa con la boca: que Jesús es el Señor; pero Jesucristo no es su Señor personal. El asunto clave no es creencia o fe, sino relación.
El programa de Dios es la relación, pero la mayoría de los programas de la iglesia son programas. El programa de Dios es la salvación en Cristo, y la salvación en Cristo es una relación.
Dios no es un programa. Jesús no es un torneo bíblico. Jesucristo no es un libro, ni simples palabras en una página. Él no es una religión, ni cristiandad, ni tampoco cristianismo. Jesucristo es una persona, y la única manera de conocer de veras a una persona es mediante una relación.
LA RELIGIÓN ES TEFLÓN®; LA RELACIÓN ES VELCRO®
El conocimiento, los programas, y la religión en el mejor de los casos son suaves, como el Teflón. Las relaciones, como el Velcro, tienen ganchos y lazos que crean conexiones. Como el Velcro, las relaciones no se deshacen fácilmente.
Para cualquier iglesia, pero específicamente la nueva iglesia que se establece, el Teflón es el beso de la muerte porque no ofrece adherencia. Cada nueva iglesia debe clasificarse como triple R.
Jesucristo, el Señor de la Iglesia (y de cada iglesia que se establece y de cada fundador de iglesias), es el Redentor prometido en Génesis 3:15, donde Dios anuncia a Satanás: “[Él] te herirá en la cabeza.” Él, una persona, no un programa; una relación, no una religión.
Nuestra teología del establecimiento de iglesias, de la Gran Comisión, y de Dios mismo debe salir del “qué” y regresar al “quién”.
Cuando Dios preguntó: “Adán, ¿dónde estás tú?” (Génesis 3:9), esa fue una pregunta de relación. Las palabras de Dios al hombre que había caído en pecado fueron un llamado de retorno a la relación. Antes de la caída de Adán en el pecado, había júbilo en la relación. Después de la Caída, Adán y Eva necesitaron recuperar el júbilo, y restablecer la relación que habían perdido.
Muchos confunden relación con programas. ¿Quién ordena como plato principal una porción de perejil? El perejil es un condimento u adorno. Sin embargo, nuestra cultura (y lamentablemente nuestra teología también) trata la información y los programas como la porción de carne asada, y la relación como el adorno. Para Dios es todo lo contrario. La relación no es el acompañamiento, sino el plato principal.
Debemos restablecer los paradigmas de nuestro programa en su totalidad conforme al programa de Dios. Ese programa es la relación; lamentablemente, para casi todas las iglesias, los programas son programas. Si no restablecemos los paradigmas, difícilmente creeremos que esa relación es realmente el plato pricipal. La relación no es el vegetal; es más bien el plato principal y Jesús mismo es el alimento sólido.
Hasta que aprendamos a valorar la relación como el centro del plan de Dios, nunca ordenaremos la porción de categoría R —la relación— que Dios desea que disfrutemos y en la cual debemos operar.
LAS RELACIONES Y EL ESTABLECIMIENTO DE IGLESIAS
Jesucristo es el Señor de su Iglesia. Él es el Fundador de la Iglesia. Él vio la Iglesia antes de que ésta fuera, la amó, la compró, y la lavó con su propia sangre. Tan sólo Jesús define su iglesia, sus iglesias, y los métodos que se usarán para su establecimiento y su crecimiento.
Marcos describe cómo Jesús fundó su primera iglesia: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él” (Marcos 3:14). Él usó un estilo de discipulado cuyo fundamento es la relación. De modo que, cuando no estuvo más con ellos, los discípulos aun reconocían la presencia de Cristo en su corazón, en sus palabras, y en sus obras.
Jesús vivió con sus doce discípulos porque sabía que la experiencia dejaría una huella indelebre en ellos. Él planeó el nacimiento y afianzamiento de su primera iglesia mediante los primeros Doce.
“Venid y ved”, dijo Jesús cuando reunió a su primer grupo, según se registran sus primeras palabras en el Evangelio según Juan. Ellos fueron y vieron: “Y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima” (Juan 1:39).
Jesús organizó un pequeño grupo de Doce —el grupo principal—, porque sabía que la relación (y el cambio de vida) sucede en la relación personal. Escogió vivir íntimamente con sus doce discípulos. Su plan de estudio era Jesucristo mismo, no una serie de creencias; Él se reveló a sus discípulos.
Esta revelación se aprecia más tarde en Hechos 4:13: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo… les reconocían que habían estado con Jesús”. Marcos 3:14 produjo Hechos 4:13.
EL COMPROMISO NO PRODUCE LA RELACIÓN; LA RELACIÓN PRODUCE EL COMPROMISO
La fórmula lineal del mundo de los negocios que muestra que el compromiso produce relación ha hecho que los pastores pidan más compromiso, sin embargo generalmente no cuentan con él, principalmente de los voluntarios.
Los hermanos de las iglesias, por su parte, piden a sus líderes más relación. El compromiso no produce relación: la R produce C.
Si la iglesia es un edificio, entonces ¿quién necesita relación? Pero si la iglesia es una familia, entonces la relación es lo fundamental.
La iglesia evangélica norteamericana, según Barna, ya no es el veinte por ciento de la población de los Estados Unidos; hoy está más cerca del dos por ciento de Europa.
Jesucristo nunca tuvo en mente que se identificara a la iglesia con un edificio. La iglesia como edificio equivale a una persona como un trozo de madera. Hemos aceptado la definición cultural de iglesia como edificio y no como familia. Necesitamos la definición fundamental del entrenador Lombardi: “Señores, la iglesia es relación.”
¿Cuál es el llamado de la iglesia, en particular una nueva iglesia? ¿Qué debe proveer? Relaciones: lo que la gente anhela para el hogar, la familia, el matrimonio, y también en el trabajo. Al satisfacer esta necesidad, se establecerán nuevas iglesias que crecerán y darán fruto, como sucede en una familia saludable y donde hay amor. La sociedad necesita con urgencia una dosis de vitamina R.
La iglesia del mundo occidental ha visto la disminución del factor R a índices negativos. En la era agrícola, personas de toda edad vivían juntas en pequeñas comunidades y el factor R era muy elevado. En la era industrial, algunos se trasladaron a la ciudad y el factor R disminuyó. En la era de la información, una mayor movilidad nacional hizo caer drásticamente el factor R a un disfuncional índice negativo. Las iglesias, sobre todo las recién establecidas, deben ser una entidad y familia fortalecida por el factor R.
El sabio fundador de iglesia (y pastores) no debe ser presidente, sino relacionador público. Los fundadores de iglesias y los pastores de trayectoria deben preguntarse con sinceridad: “¿Podemos decir que nuestra iglesia es de categoría R?” La gente que invitamos a la iglesia debe sentir que la acoje una familia, no un edificio, tampoco un programa, ni una actividad. La relación debe ser la actividad.
General Motors perdió su categoría R en el trato con sus clientes. Por no haber escuchado al público y por haberse desconectado de él, años atrás GM informó una pérdida de ocho mil millones de dólares. La compañía se concentró en la fabricación automóviles grandes, en vez atender las demandas del público: calidad y menor tamaño. El resultado fue que los clientes recurrieron a los fabricantes japoneses.
Pregúntese: ¿Por qué fui salvo? La respuesta coincide con la razón de que las iglesias que establecemos deben ser de categoría R.
En bienes raíces, las tres palabras más importantes son: lugar, lugar, y lugar. En la fundación de iglesias (y en toda la obra del Reino), las tres palabras más importantes siempre han sido y siempre serán: relación, relación, y relación.
Jesús edificó y fundó su primera iglesia sobre una relación; este es el plan de Dios y también debe ser el nuestro. Él no lo cambiará por causa nuestra. Jesucristo es el supremo sumo sacerdote de relaciones y establecimiento de iglesias.
Gainsbrugh, JonathanJONATHAN GAINSBRUGH, Cameron Park, California, es ministro ordenado y misionero instructor a tiempo completo, maestro, evangelista, consultor, y especialista de recursos.

sábado, 3 de marzo de 2012

FUNDACIÓN DE IGLESIAS POR LA GENERACIÓN DE EDAD MADURA



En vez de que aquellos que se van acercando a la jubilación dirijan sus ministerios holgadamente, deben aprovechar la oportunidad de fundar iglesias, de modo que terminen su carrera a la ofensiva antes que a la defensiva.
Por Earl Creps
“¿Por qué vas a renunciar a tu soñado trabajo?” fue la pregunta que hizo el psicólogo en nuestra entrevista con Misiones E.U.A. Yo había pasado más de seis años como director de estudios doctorales en el Seminario Teológico de las Asambleas de Dios. Él deseaba saber por qué yo consideraba renunciar a un puesto semejante por una nueva aventura: fundar una iglesia.
Aun cuando a diario hay gente que decide fundar nuevas iglesias, no es muy frecuente que lo hagan quienes han pasado de los cincuenta años y después de trabajar en la educación superior, una función que se considera como reservada para personas de edad más avanzada. Hasta el anuncio para la fundación de iglesias emitido por las Asambleas de Dios muestra a una atractiva pareja de unos veinticinco años, vestida en el estilo informal de los jóvenes adultos de la actualidad. Habiendo pastoreado ya tres iglesias, ¿no debería haber permanecido en el Seminario Teológico hasta jubilarme de mi soñado lugar de trabajo?
Hubiera respondido afirmativamente a no ser porque sentía el llamado de Dios para fundar una iglesia universitaria en Berkeley, California, una ciudad de cien mil habitantes, diez millas al norte de San Francisco. Esta localidad, donde está ubicada la Universidad de California en Berkeley, sería nuestro nuevo hogar y el sitio de una nueva iglesia para alcanzar a los californianos. Conforme iba creciendo en nosotros la visión por Berkeley, descubrimos algo: el llamamiento no está determinado por la edad. Aun cuando lo acostumbrado es que sean los jóvenes que fundan iglesias, Pedro cita al profeta Joel: “Vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños” (Hch 2:17).
Si la iglesia ha de alcanzar su potencial, necesita a toda su gente. El mundo sabe esto. El director ejecutivo de la General Motors, por ejemplo, tiene mi edad (55). ¿Pensamos acaso que una persona de cincuenta años es capaz de dirigir un gran conglomerado internacional, pero no creemos que alguien de esa misma edad tenga la capacidad de comenzar una nueva congregación? Tal vez hemos usado a los más jóvenes porque son los que manifiestan más disposición. Después de todo, ¿por qué una persona que tenga algo que perder se arriesgaría en una empresa tan incierta como la fundación de una iglesia? La experiencia indica que las personas mayores tienen potencial sin explotar en lo relacionado a comenzar obras, lo mismo que en una variedad de ministerios. El solo hecho de que uno tenga en su billetera una tarjeta de la AARP [Asociación Americana de Personas Jubiladas] no significa que carece de fuego en su corazón.
Este artículo explora el potencial como fundadores de iglesias de las personas que han pasado la mediana edad. Mientras hacía investigación sobre este asunto, me contacté con Ed Stetzer, un estratega misionero de la Convención Bautista del Sur, y le pregunté si alguien había celebrado un estudio sobre “fundadores” de edad algo avanzada. Su respuesta fue: “No sé de alguien que haya hecho una investigación como esa. Honestamente, creo que es algo para hombres jóvenes.”1 Su conclusión es irónica en una nación donde hay más gente mayor de sesenta y cinco años que gente menor de los dieciocho. El propósito de este artículo no es únicamente hacer un repaso de lo que se sabe acerca de los fundadores de iglesias que ya han pasado la edad mediana, sino también estimular a la generación de personas mayores de cincuenta años para que estén abiertas a esta opción.

Modelos de fundadores de iglesia que han pasado la mediana edad

El empresario: una persona mayor dirige la fundación de una iglesia como lo haría una persona más joven. Estos ejemplos existen, pero su número es reducido.
La familia: una persona joven funda una iglesia, pero sus padres se unen al esfuerzo, y con frecuencia se mudan a la nueva ciudad. He visto este modelo en varios lugares
El instructor: una persona mayor que ha fundado iglesias en sus años de juventud y que ahora trabaja en funciones de reclutamiento y de consejería, con frecuencia para un distrito u otra organización.
La generación de los mayores ha dado hermoso ejemplo con voluntarios como Richard y John, hermanos en Cristo de edad avanzada que construyeron los muebles de roble en mi oficina del Seminario Teológico de las Asambleas de Dios. En vez de que aquellos que se van acercando a la jubilación dirijan sus ministerios holgadamente, deben aprovechar la oportunidad de fundar iglesias, de modo que terminen su carrera a la ofensiva antes que a la defensiva.
Dan Estes, que dejó una iglesia establecida cuando estaba a mediados de los cincuenta, resumió algo de su motivación al declarar: “Yo tenía la sensación de haber llegado a ser el cuidador de un acuario antes que un pescador de hombres… No pienso en jubilarme y no tengo intención de ir a otra parte.”2 El primer paso en abrirse a esta posibilidad es oír de alguien que ya haya emprendido el camino.

LA EXPERIENCIA DE “FUNDADORES” DE EDAD MADURA

Cuando Janet, mi esposa, y yo decidimos abrir una nueva obra, tuvimos una curiosidad natural respecto de personas mayores que pudieran haber hecho lo mismo. Habíamos oído de unos pocos, pero no habíamos conocido a ninguno. De modo que puse en Facebook mi interés en conocer fundadores de iglesias de edad superior a la mediana. Recibí de inmediato varias respuestas. Me impresionó el hecho de que líderes de edad algo avanzada estuvieran usandoFacebook, pues por lo general está considerado como territorio de los adolescentes y de los que tienen poco más de veinte.
Prosiguiendo con estos contactos, hice tres preguntas a varios “fundadores” de más de cincuenta años de edad:
  1. ¿Cómo llegó a ser fundador de una iglesia?
  2. ¿En qué maneras su edad fue una ventaja?
  3. ¿En qué maneras su edad fue una desventaja?
Todas las personas a quienes envié las preguntas me respondieron y proveyeron respuestas bien pensadas.
Virgil, que había sido anteriormente pastor asociado en una iglesia en el Pacífico Noroeste, ofreció una respuesta típica cuando escribió: “Lo que me condujo a fundar una iglesia fue, por supuesto, una dirección bien definida de Jesucristo.” Confesó: “Nunca había pensado en ser fundador de iglesias; nunca me preparé para llegar a serlo.” No obstante, la nueva iglesia de Virgil ha experimentado un continuo crecimiento, llegando a tener una asistencia el domingo por la mañana de alrededor de ciento cincuenta personas. En manera no distinta de otros “fundadores” de su generación, a Virgil le sorprendió que le llegara el llamamiento para iniciar este ministerio.
Pedro tomó una clase en el seminario sobre fundación de iglesias y obtuvo mucho más que una educación. “Dios quebrantó mi corazón por los perdidos”, declara él. “Descubrí que era una de las mejores maneras de alcanzar a los perdidos, y que mi talento, experiencia, y pasión apuntaba en dirección de fundar iglesias.”
Respecto a ventajas de edad, Pedro declara: “Mi vida y experiencia de trabajo como director ejecutivo han sido tremendos puntos a favor, puesto que tengo las conexiones que he desarrollado durante años.” Él señala al hecho –aun cuando la edad puede ofrecer algunos problemas físicos– de que una persona mayor puede también tener características únicas, tales como experiencia profesional y una educación avanzada. Si la fundación de iglesias fuera únicamente un asunto de esfuerzo bruto, entonces sólo los jóvenes serían elegibles. Pero los que han iniciado nuevas congregaciones serían los primeros en decir que la experiencia y la sabiduría son tan importantes como el trabajo duro. La edad no necesariamente provee estos recursos, pero concede opciones que rara vez están a disposición en la juventud. Efectivamente, Larry, que ha fundado iglesias tanto en los Estados Unidos como en Europa, señala: “La edad es una gran ventaja, gracias a la experiencia en el pastorado, y el hecho de que nuestros hijos ya han crecido facilita el aspecto económico.”
Cuando pregunté a los fundadores de iglesias de edad avanzada cuáles eran las desventajas de la edad, Larry contestó: “La única desventaja es que hubiera deseado haber comenzado años antes, y estoy seguro de que algún día desearé haber tenido más tiempo de servicio.” Sin embargo, admitió que en algunos días él tenía “un poco menos de energía, y a veces bastante menos. No creo que la edad sea una desventaja, a menos que uno se sienta viejo en espíritu. Nos mantenemos ocupados en la educación, en lectura, en música, etc.” Larry y su esposa Mary son ejemplo vivo de las ventajas que los pastores de edad avanzada pueden significar para la fundación de iglesias.

LA VENTAJA DEL FUNDADOR DE IGLESIAS DE EDAD MADURA

La apertura al llamado de fundar iglesias comienza, no con la lectura de libros acerca de ello, sino con la aceptación de la edad como un don de Dios. El erudito R.C. Sproul reflexionó sobre este principio en su ministerio: “La última vez que pasé de una década a otra en mi proceso de envejecimiento, Dios fue lo suficientemente bueno como para concederme esta pequeña porción de sabiduría: la Biblia honra la edad, no la juventud. Llegué a entender que la desaparición de mi juventud era algo que Dios consideraba una buena cosa; y si yo era sabio, estaría de acuerdo con ello.”
Si aceptamos la edad como un don y no como una maldición, se abre todo un nuevo mundo de posibilidades. En lugar de pensar de nuestra edad como descalificadora, podemos considerar las maneras tan únicas en que ella nos prepara para el ministerio. Quizá no hagamos el ministerio como lo haría una persona joven, sin embargo nuestra contribución puede ser muy valiosa.
Considere por un momento algunas de las ventajas y el potencial que tiene la gente mayor en la experiencia de fundación de iglesias:
  • Los “fundadores” de mayor edad pueden avanzar más rápidamente en las redes sociales y ganar mayores contactos con personas de influencia en la comunidad, porque por lo general tienen más educación y experiencia. Janet y yo, por ejemplo, hemos obtenido doctorados que nos ayudarán a relacionarnos con la comunidad de California. Una persona más joven puede tener un título importante, pero la probabilidad es mucho menor.3
  • Los “fundadores” de mayor edad tendrán que estar buscando a su sucesor desde el comienzo. Debido a que el tiempo que nos resta en el ministerio es mucho menor, casi desde el primer día debemos procurar el desarrollo de líderes jóvenes para que nos sucedan.
  • Los “fundadores” de mayor edad tienen bastante experiencia del pasado como para entender su futuro. Hemos vivido lo suficiente como para tener una perspectiva de cómo se enlazan los elementos de nuestro pasado. Por ejemplo, nuestro trasfondo educacional que en algún tiempo nos dificultó la colocación en el ministerio, actualmente resulta ser la calificación ideal para fundar una iglesia en una ciudad universitaria.
  • Los “fundadores” de mayor edad se benefician de la energía de un nuevo desafío. La empresa de comenzar una nueva obra ha sido una renovación personal para nosotros, como si volviéramos a los días de nuestra juventud. También nos da un nuevo grupo de colegas: los otros fundadores de iglesias.
  • Los “fundadores” de mayor edad pueden tener el privilegio de sacrificar más. Para mudarnos a Berkeley hemos abandonado nuestras carreras profesionales, nuestros ingresos, y la única casa que jamás hemos construido. Estos sacrificios no son heroicos, son un honor.
  • Los “fundadores” de mayor edad tal vez tengan que aprender de nuevo a vivir por fe. Cuando tomamos nuestra decisión, Janet dijo: “Ahora tenemos que ser cristianos.” Lo que ella quiso decir es que andábamos por fe como no lo habíamos hecho desde nuestra juventud. Hemos vuelto a descubrir nuestra relación con Dios en la ausencia de estructuras institucionales.
  • Los “fundadores” de mayor edad pueden proyectar un ejemplo de mayor influencia. Nadie espera que alguien que tenga algo que perder intente fundar iglesias. De modo que los que lo hacen tendrán mayor influencia por medio del poder de su ejemplo.
  • Los “fundadores” de mayor edad tienen la oportunidad de redimir errores pasados. Si las cosas no han ido bien durante algunas etapas del ministerio (lo que es cierto de cada uno de nosotros), la fundación de una iglesia puede proveer una manera de terminar exitosamente la carrera.
  • Los “fundadores” de mayor edad tienen menos problemas de identidad o de desempeño. Como ya somos mayores, hemos tenido décadas para tratar asuntos relacionados con nuestra identidad y nuestro lugar en el mundo. Espero que esto signifique que podamos dedicarnos de lleno al ministerio, y no hacerlo como un medio de tratar con nuestros problemas personales.
  • Los “fundadores” de mayor edad en vez de aconsejar pueden recibir consejo. Puesto que la mayoría de los que abren nuevas obras son jóvenes, los de mayor edad podemos aprovechar de la sabiduría y las experiencias de ellos para mejorar nuestro desempeño al establecer una nueva iglesia. Janet y yo hemos aprendido muchísimo de los jóvenes “fundadores” y seguimos entrevistándolos en cada oportunidad.
  • Los “fundadores” de mayor edad tienen menos probabilidad de causar daño colateral. Por lo general nuestros hijos ya han dejado el hogar y la aventura de abrir una nueva obra no pone en juego la vida de nuestros niños ni pone en riesgo el futuro de nuestra carrera (mayormente la carrera casi ha acabado).
  • Los “fundadores” de mayor edad han sobrevivido a más frustraciones. Janet y yo hemos descubierto que la habilidad sobreponernos a contratiempos es una característica clave del ministerio de comenzar una nueva obra. Después de años de trabajar en fundación de iglesias, Todd Hunter describe el cambio en su actitud: “La realidad atacaba mi ingenuidad.”,4 Los problemas que se presentan pueden abrumar tanto al líder como al ministerio. Hay que mirarlos en la cara y seguir adelante. Los líderes mayores han experimentado sus buenas porciones de desengaños y han aprendido mucho en el campo de la solución de problemas.
  • Los “fundadores” de mayor edad tienen experiencias de ministerio. He pastoreado tres iglesias, además de haber sido pastor asistente, consultor, y también escritor. Nada de esto lo prepara a uno para fundar una iglesia (si alguna vez alguien puede estar preparado); pero por haber pasado años en el liderazgo ministerial he desarrollado algunas habilidades y he aprendido a resolver conflictos. Tal vez parte de la tensión en la fundación de iglesias sea porque el “fundador” promedio nunca ha sido pastor titular. Efectivamente, Bob Franquiz, pastor de la Calvary Fellowship, recomienda a los jóvenes fundadores de iglesias: “Se sorprenderán de lo mucho que pueden aprender si dejan de hablar de su gran visión y escuchan a los fundadores de iglesias de mayor edad que han adquirido sabiduría a través de los años.”5
Nuestro traslado a Berkeley está basado en la suposición de que podemos sacar provecho de las ventajas de la generación que está a un paso de la jubilación. Sin embargo, la manera más obvia en la que los líderes de mayor edad pueden beneficiarse del proceso de establecer una iglesia es que habemos muchos de esa edad. Por el hecho de que la generación que nos sigue es una de las más pequeñas en historia reciente, los de edad mayor serán necesarios hasta que lleguen a la escena ochenta millones de obreros del siglo veintiuno. Nadie más está acudiendo.

NUEVA VENTANA DE OPORTUNIDAD

Mientras podamos mantener nuestro colesterol dentro de un nivel razonable, no hay razón para que la gente de edad mayor sea descalificada, o que estos se descalifiquen como líderes potenciales de fundación de iglesias. Esta apertura requerirá salir de la predecible senda de carrera ministerial, la que cuando avanzamos en edad tiende a gravitar hacia la búsqueda de seguridad, relegando la toma de riesgo a los jóvenes. Aunque los jóvenes pueden aceptar más riesgos, muchos que han pasado la edad mediana están descubriendo que una segunda ventana de aventuras espirituales se abre después de los cincuenta. Con los hijos ya casados, podemos hacer cosas que no eran posibles durante los años de la edad mediana, debido al compromiso de la crianza de los hijos, el pago de hipoteca, etc.
Lo que mi generación necesita es justamente aprovechar la ventaja de esta segunda ventana de oportunidad. Bobby Welch, presidente de la Convención Bautista del Sur, enmarca el asunto de esta manera: “Hay dos caminos para el mismo sueño… Un camino es transitado por la gente de mayor edad que ha llegado cerca del fin de su ministerio y que nunca llegó a donde su visión quería llevarlos. Se sienten frustrados y les parece que han fracasado. Están anhelosos de una oportunidad más para dar lo mejor que tienen en lo que queda de su vida. El otro camino es transitado por gente joven que busca algo a lo cual dedicarse por el resto de su vida. He aquí lo que yo digo: Hermanos mayores, no dejen su puesto; no nos abandonen, no ahora. Hermanos jóvenes, no den media vuelta ni escapen de nosotros, no ahora… debemos tener unidad de propósito para alcanzar a un mundo perdido.”6
Cada persona en cada generación tiene algo que contribuir a la misión de la iglesia. A nadie le hace bien limitar con barreras artificiales el potencial de cualquier grupo, para impedir así esa contribución. Pensar que los jóvenes son incapaces de dirigir es tan erróneo como definir a los de mayor edad como demasiado viejos para fundar una iglesia. Estos límites son culturales, no bíblicos. Las Escrituras nos llaman a movilizar a todo el pueblo para que esté abierto al llamado de Dios en cualquier forma que se presente, aunque no se ajuste a nuestros estereotipos culturales. Necesitamos a toda clase de fundadores de iglesias, llamados y calificados, que estén disponibles. Es probable que sean mayormente jóvenes, pero algunos de ellos tendrán que ser de mayor edad si hemos de formar las nuevas congregaciones que se necesitan para alcanzar a nuestras comunidades. El psicólogo que nos entrevistó estuvo de acuerdo con nosotros. Él también dejó su puesto académico, para trabajar en la fundación de una iglesia.
Earl Creps
Earl G. Creps, es líder de equipo en el proyecto de fundación de una iglesia en Berkeley y autor de Reverse Mentoring: How Young Leaders Can Transform the Church and Why We Should Let Them, publicado por Jossey-Bass/Leadership Network en 2008.

jueves, 16 de febrero de 2012

MÁS ALLÁ DEL FRACASO (plantación de iglesias)


. MÁS ALLÁ DEL FRACASO

Si permitimos que los fracasos nos definan, éstos pueden arruinarnos; pero si manejamos adecuadamente el fracaso, puede ser lo mejor que nos suceda.
Por Mark Batterson
Durante más de una década he servido como pastor titular de National Community Church, una iglesia en Washington, D.C. Me agrada vivir en Capitol Hill. Pido a Dios el privilegio de pastorear una sola iglesia durante toda mi vida.
Pero he experimentado mi porción de desafíos, frustraciones, y fracasos.
Después de la graduación del instituto bíblico Central Bible College en Springfield, Missouri, asistí al seminario Trinity Evangelical Divinity School en Deerfield, Illinois. Mi sueño era establecer una iglesia en la zona de Chicago. Mi esposa y yo crecimos en Naperville, uno de los suburbios del oeste de Chicago. Me gusta el estilo de pizzas de Chicago. Y Michael Jordan todavía estaba jugando por los Chicago Bulls. ¿Por qué habría de querer estar en otro lugar? Así que formamos un núcleo, abrimos una cuenta bancaria, y elegimos un nombre para la iglesia. Aun delineé un plan de veinticinco años. Pero el grupo que formaba nuestro núcleo implosionó antes que pudiéramos celebrar nuestra primera reunión.
Todavía tengo preguntas sin respuesta acerca de esa primera fundación de iglesia. ¿Fuimos acaso llamados a fundar esa iglesia? ¿O Dios planificó el fracaso? ¿Estábamos fuera de tiempo? ¿O mi ineptitud o inexperiencia causaron el fracaso? Salí de esta experiencia con una definida convicción: a veces nuestros planes tienen que fracasar para que los planes de Dios tengan éxito.
Ese intento fallido de fundación de iglesia califica como una de las épocas más vergonzosas y desilusionadoras de mi vida. Yo no tenía idea de dónde ir o qué hacer. Y estaba en miserable condición emocional y espiritual.
Si permitimos que nuestros fracasos nos definan, pueden arruinarnos; pero si manejamos apropiadamente el fracaso, aprendemos lecciones muy valiosas. Estamos entonces menos propensos a aceptar el crédito, o a dar por sentados los éxitos posteriores. Descubrimos que aunque caigamos de plano, Dios está presente para levantarnos. El fracaso nos abre otras opciones.
Cuando murió el sueño de fundar una iglesia en Chicago, yo estaba dispuesto a ir a cualquier parte. Así, después de varios meses de orar y de buscar dirección de Dios, se abrió una puerta en Washington D.C. No teníamos vivienda ni garantía de un sueldo; pero por fe empacamos nuestras pertenencias y nos mudamos.
Estudio de Vineyard acerca del fracaso o progreso en la fundación de iglesias
Todd Hunter dirigió un significativo estudio mientras era director de fundación de iglesias en su denominación. A pesar del tiempo transcurrido, todavía son relevantes varios de sus significativos descubrimientos hechos en su estudio para las Iglesias de la Viña[Association of Vinyard Churches Church Pathology Report], en diciembre de 1986.
Hunter dividió su informe en dos categorías principales: “Informes de autopsias”, de iglesias que habían fracasado, e “Informes de iglesias exitosas”. Emplazamientos clave de asuntos que contribuyen grandemente al fracaso de la fundación de iglesias incluyen:
• La incapacidad del fundador para reclutar, movilizar, y nutrir a los obreros y líderes,
• La incapacidad del fundador para planificar con eficacia,
• La ineficacia del fundador para reunir nueva gente, y
• La ineficaz metodología de evangelismo del fundador.
Hunter concluyó que los fundadores de iglesias podrían corregir estos asuntos con instrucción y con experiencia en crecimiento de iglesias.
Hunter llegó a descubrir que la disposición del pastor fundador constituye la gran diferencia.
Los pastores que más luchan son pastorales más que emprendedores y carecen de habilidades de liderazgo. Los fundadores de iglesias de poco éxito están predispuestos a un acercamiento más pasivo al ministerio, que se enfoca en nutrir a los que vienen naturalmente a ellos antes que buscar agresivamente penetrar en la comunidad y reunir a los que podrían ser líderes para el Reino. Prefieren nutrir las relaciones existentes antes que reclutar, evangelizar, planificar, o hacer una investigación de su comunidad.
FACTORES DE PROGRESO
Por otra parte, de acuerdo a la investigación de la Vinyard, las iglesias que prosperan son dirigidas por pastores que trabajan duro, que tienen planes bien pensados, que tienen su enfoque en reunir nueva gente, y que pueden trabajar creativamente y resolver problemas. Estos pastores se empeñan en el evangelismo agresivo y el optimismo y la fe alimentan su pasión. Adicionalmente, estos fundadores tienen buenas habilidades sociales y asumen responsabilidad por el crecimiento de la iglesia, mientras imparten el valor de la iglesia a los miembros de su congregación.
Finalmente, Hunter descubrió también varios factores de progreso relacionados con las nuevas congregaciones. Las perspectivas de sobrevivencia en una iglesia disminuyen si en la etapa temprana la iglesia atrae a muchos cristianos nominales o a aquellos que vienen heridos, que no están dispuestos a cambiar y crecer o que son incapaces de hacerlo (es decir, los que van de iglesia en iglesia, los líderes que están agotados espiritualmente, los crónicamente heridos, etc.). También, puede reducir la salud y la sobrevivencia de la iglesia si los miembros iniciales no están dispuestos a buscar activamente a aquellos que son diferentes de ellos y a darles la bienvenida. La gente que no llega a acostumbrarse en la congregación y que se va porque nada de interés los retiene presentan un problema que hiere a las nuevas iglesias como también a las ya establecidas.
ED STETZER, de Alpharetta, Georgia, es fisiólogo y director del Centro de Investigaciones Misioneras en la Directiva de Misiones de Norte América, de la Convención Bautista del Sur. (Tomado con permiso de “Improving the Health and Survivability of New Churches”, Leadership Network.)
REUNIONES EN UN TEATRO
El primer fin de semana de enero de 1996, una tormenta de nieve barrió la Costa Este dejando nieve en cantidades impresionantes en la ciudad capital. Ese fue mi primer fin de semana como pastor de la National Community Church. Solo tres personas asistieron al servicio: mi esposa, mi hijo, y yo. Lo positivo es que tuvimos un crecimiento de 663 por ciento en una semana, cuando diecinueve personas asistieron el próximo domingo.
Rompimos varios axiomas sobre fundación de iglesias. Me dijeron que si uno no alcanza a cien personas en su primer año, o doscientas en el segundo año, nunca logrará romper esas barreras. Nuestro promedio de asistencia en el primer año fue de aproximadamente treinta y cinco personas. Con frecuencia comenzábamos los servicios con seis u ocho personas de asistencia. Yo cerraba los ojos durante la adoración porque era deprimente si los abría. Pero no perdía el sentido de destino. Yo sabía que Dios nos había llamado, y estaba seguro de que algo bueno ocurriría. Pero no sabía que la buena cosa sería algo que yo percibía como malo.
En el otoño de 1996, cerraron la escuela pública donde nos habíamos estado reuniendo a causa de infracción a la ley de incendios. La National Community Church pudo fácilmente haber llegado a ser un fracaso en fundación de iglesias. Comenzamos a buscar opciones de lugar para reunirnos. Cada puerta estaba cerrada, excepto una: los salones de cine en la Union Station [Estación La Unión].
En retrospectiva, es difícil imaginar una cabeza de playa espiritual más estratégica que la Union Station. Veinticinco millones de personas pasan cada año por esa estación de trenes, constituyéndola en el destino más visitado en Washington D.C. Tenemos nueve teatros, cuarenta patios de comida, y una playa de estacionamiento. Hasta tenemos nuestro propio sistema de ferrocarril subterráneo que deja y toma gente frente a nuestra puerta. Si Dios no hubiese cerrado la puerta de la escuela pública, no hubiésemos estado buscando una puerta abierta en el teatro.
Debo mencionar una nota histórica. El día en que firmé el contrato de alquiler por el cine en la Union Station, compré un libro acerca de esta gran estación ferroviaria (Union Station: A History of Washington’s Grand Terminal). Deseaba saber la historia acerca de la Estación. El 28 de febrero de 1903 el presidente Teodoro Roosevelt firmó el Decreto del Congreso que permitía la creación de la Union Station. El decreto establecía: “Un acto del Congreso para crear una Estación La Unión, y para otros propósitos.”
Roosevelt pensó que estaba construyendo una estación de trenes, pero Dios sabía que años más tarde esta estación ferroviaria estaría sirviendo sus propósitos por medio del ministerio de nuestra iglesia.
EN MEDIO DE LA PLAZA DEL MERCADO
Me inicie en la fundación de esta iglesia con la mentalidad tradicional: hacer los cultos en lugares alquilados hasta que uno pueda comprar o construir un edificio para iglesia. Pero experimenté un cambio paradigmático. Comprendí que pasaría mucho tiempo antes de que pudiéramos siquiera pensar en comprar o construir. Las propiedades costaban diez millones el acre. Y me vino a la cabeza este pensamiento: ¿Por qué habría de construir un edificio para iglesia cuando tenemos un auditorio completo, con pantallas, sillas cómodas, y sistema de sonido ambiental? Además, ¿cuántas iglesias tienen un patio de comidas, un gran lugar para estacionar vehículos, y un sistema de trenes subterráneos? Tener la iglesia en la plaza del mercado llegó a ser parte de nuestro ADN espiritual.
Yo caminaba rumbo a casa desde la Union Station y tuve una visión en la esquina de las calles Quinta y F, en el NE. No hubo coros angelicales ni graffiti sobre la acera; pero en el ojo de mi mente pude ver un mapa del Metro, el sistema de trenes subterráneos. Tuve la visión de reuniones de nuestra iglesia en teatros en las paradas del Metro por toda la zona de Washington D.C.
Con el tiempo iniciamos reuniones en nuestra segunda ubicación, en un teatro en el Centro Comercial Ballston en Arlington, Virginia. Desde entonces hemos abierto otros dos lugares de culto en teatros: en Georgetown (Washington D.C.) y Alexandria, Virginia.
Juntamente con nuestras cuatro ubicaciones en teatros, nuestra iglesia también posee y maneja la mayor cafetería en Capitol Hill. En 2008, Ebenezer fue considerada la mejor cafetería en la zona del Metro de Washington D.C. por laAOL CityGuide.
La pasión era sencilla: crear un lugar donde la iglesia y la comunidad cruzaran sus caminos. Jesús no sólo fue a la sinagoga; Él estuvo en los pozos. Los pozos no eran solamente un lugar de donde extraer agua. En la cultura de la antigüedad los pozos eran lugares de reunión. Las cafeterías son los pozos de la postmodernidad.
No sólo tenemos contacto con centenares de clientes diariamente; también tenemos dos servicios nocturnos los sábados en salones adyacentes. Todas las ganancias de la cafetería van a misiones.
CINCO LECCIONES
He aquí lecciones que aprendí en la jornada de fundación de iglesias.
1. AMPLÍE SU PERSPECTIVA
Si usted tiene una perspectiva de corta distancia, vivirá en perpetuo desaliento. Cuando me siento desalentado, es porque he enfocado mi atención en algo que me hace sentir frustrado. Necesito ampliar mi panorama y mirar el cuadro general. Necesito recordarme que hace dos mil años Jesús murió en la cruz por mis pecados, y también necesito traer a mi mente el futuro que tengo. Eso me ayuda a recalibrarme espiritualmente. ¿Por qué me empeño en lo que estoy haciendo? Necesito volver a conectarme con el llamamiento inicial que Dios colocó en mi vida, y necesito recordar que mi compromiso es de larga duración.
El crecimiento requiere de tiempo. Dios no le bendecirá más allá de la capacidad que usted tenga de manejar las cosas. A Él le interesa menos lo que usted está haciendo y más lo que usted está llegando a ser. Mientras más tiempo tenga usted que esperar, mayor será el aprecio que experimente. Nuestra cafetería, por ejemplo, es el subproducto de ocho años de oración, planificación, y construcción.
El crecimiento de la iglesia no es lo primordial, sino el crecimiento personal de usted. Si está creciendo personalmente, la iglesia que dirige crecerá en forma corporativa.
He aquí una ironía del crecimiento de la iglesia. Los domingos que predico de forma explosiva y pienso que cada visitante llegará a ser miembro de la iglesia esa semana, nadie vuelve. Luego, el próximo domingo predico un mensaje que me decepciona y me siento con ánimo de enviar un correo electrónico de queja a mí mismo. Entonces la gente se salva y todas las visitas vuelven.
2. COMETA ERRORES
Todo fundador de iglesias lucha con el temor de fracasar. La cura para eso no es el buen éxito. La cura es fracasar en pequeñas dosis, casi como las inyecciones contra la alergia, para que usted desarrolle inmunidad.
El fracaso tiene un efecto de liberación. Usted se da cuenta de que Dios está allí para levantarlo y sacudirle el polvo. Y eso lo mantiene humilde.
Un valor esencial de la National Community Church es este: todo es un experimento. Si el reino de Dios tuviera departamentos, nosotros trabajaríamos en el de Investigación y Desarrollo. Me siento impulsado por una firme convicción: hay maneras de conducir la iglesia en las que nadie ha pensado todavía. Pero eso significa que necesito cometer algunos errores. Debo llegar al punto en que me sienta más temeroso de perder oportunidades que de cometer errores.
No tengo problemas con que el personal cometa errores; pero no quiero que cometan los mismos errores una y otra vez. Los errores significan que usted está probando nuevas cosas, y esa es la manera de seguir creciendo como líder.
3. DEJE DE COMPARARSE CON OTROS
Soy competitivo. No me gusta perder un juego de salón con mis niños. Pero le he pedido a Dios que santifique mi ánimo competitivo y que lo use para sus propósitos. Con mucha frecuencia nos comparamos con otros pastores y consideramos a otras iglesias como la competencia.
Los líderes saludables tienen la mente puesta en el Reino. Yo no tengo que ser todas las cosas a toda la gente, porque no somos la única iglesia en la ciudad. Se necesitan toda clase de iglesias porque hay toda clase de personas. Celebremos nuestras diferencias siempre y cuando estemos predicando el evangelio.
Usted se puede comparar con alguien que no es tan dotado como usted, y eso resultará en orgullo, o puede compararse con alguien que es más dotado que usted y eso resultará en celos. En cualquier manera, usted pierde.
Parte del desafío del liderazgo consiste en descubrir lo que usted es. La otra cara de la moneda es descubrir lo que no es. Luego usted se rodea de personas que pueden compensar sus deficiencias. Tempranamente en el ministerio su nivel de capacidad determinará su influencia; pero con el tiempo sus capacidades tendrán menos que ver con su influencia. Su influencia estará determinada por las capacidades de las personas que trabajan con usted. Por eso, el desarrollo del liderazgo y la contratación de personal son capacidades sumamente importantes.
Si usted no tiene una visión claramente definida, tratará de ser todo a todos. Muchos pastores son contorsionistas. Tratamos de satisfacer todos los caprichos y deseos de todo aquel que pase por nuestra puerta.
Hace años memoricé algo que dijo Abraham Lincoln y que ha llegado a ser como una mantra de liderazgo: “Usted puede complacer a toda la gente en ciertas ocasiones, a algunas personas en todo tiempo, pero no puede complacer a todos en todo tiempo.”
4. SIGA APRENDIENDO
Un estudiante que hacía prácticas en la iglesia me preguntó: “¿Cuál es la clave para prosperar en el ministerio?”.
Le respondí: “Sigue aprendiendo.”
Los líderes son aprendices. Parte de lo que los impulsa es una santa curiosidad, y son suficientemente humildes como para admitir su falta de conocimiento.
Uno de mis temores es llegar a ser un sistema cerrado. Uno deja de llevar a cabo el ministerio en base a imaginación y comienza a hacerlo de memoria. Usted deja de crear el futuro y comienza a repetir el pasado. Deja de guiar y comienza a manejar.
Dos cosas me han ayudado a permanecer como un sistema abierto. Primero, los libros me proporcionan nuevos impulsos; también trato de hacer tanto reconocimiento como me es posible. Asisto a conferencias y visito otras iglesias para obtener ideas nuevas. Eso me ayuda a mantener una perspectiva saludable respecto de nuestra iglesia.
5. DISFRUTE EL VIAJE
Cuando me entrevistaron para obtener credenciales, un pastor del comité de credenciales me preguntó: “Si tuviera que describirse en una palabra, ¿cuál sería?”
Yo dije: “Motivado”. En ese momento pensé que era una gran respuesta. Ahora no estoy tan seguro.
Mi meta como fundador de iglesias era ser pastor de mil personas antes de cumplir los treinta años. No hay nada de malo con fijar metas numéricas en el servicio a Dios si el motivo es correcto. El tamaño de nuestros sueños es un muy buen barómetro de madurez espiritual. Pero el problema con esa meta en particular es que yo estaba más preocupado de los números que de la gente. Nosotros plantamos y regamos; Dios es quien da el crecimiento (1 Corintios 3:7).
Estoy tan orientado hacia el futuro que con frecuencia dejo de apreciar la senda. Pero el Señor puso muy tempranamente en mí esta impresión: Sé el mejor pastor que puedas ser, aquí y ahora. Esto es como ser padre. Usted debe disfrutar cada edad y cada etapa de sus hijos. El ministerio es difícil. Pero nunca debemos olvidar el impresionante privilegio de ser parte del plan redentor de Dios para el planeta tierra. Los sacrificios que hacemos pagarán eternos dividendos.

Mark Batterson es pastor de National Community Church (Asambleas de Dios) en Washington, DC