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viernes, 23 de septiembre de 2011

¿CUANTO PESA TU ORACIÓN?

Poco después de la Segunda Guerra Mundial una mujer entró en una tienda
de alimentación y pidio comida suficiente para una comida de Navidad
para sus hijos. Cuando el dueño preguntó cuánto podria pagar, ella respondió:
" Mi marido murió en la guerra. La verdad es que no tengo nada que ofrecer
mas que una pequeña oración."

El hombre, un incrédulo inmutado ante la necesidad de la mujer, dijo
sarcásticamente: " Escriba su oración en un trozo de papel, y le daré su peso
en artículos de alimentación." Para su sorpresa, ella sacó una nota doblada
del bolsillo, y se la dio. " Ya la escribi anoche, mientras velaba a mi hijo
enfermo, contestó de inmediato. Sin siquiera leerla, la puso en un platillo de
sus anticuadas balanzas.

"Bueno, veremos para cuánta comida vale masculló." Para sobresalto suyo,
no sucedió nada cuando puso una hogaza de pan en el otro platillo.
Pero se sobresaltó más cuando añadió otros artículos y seguía sin suceder
nada. Finalmente dijo malhumorado: " Bueno, ya no cabe más, de todas
maneras. Aqui tiene la bolsa. Tendrá que ponerse las cosas usted misma.
¡ Estoy ocupado! Con un sollozante " gracias" la mujer salió feliz.

El tendero descubrió poco después que tenía las balanzas averiadas.
Con el paso de los años, seguía preguntándose si aquello habia sido una
mera coincidencia. ¿ Por qué la mujer tenía la oración ya escrita antes de
que él se la pidiera? ¿ Cómo es que vino justo en el momento en que el
mecanismo se había roto?

Siempre que mira a aquella hoja de papel con su petición, se asombra,
porque dice: " Por favor, amado Señor, ¡ danos hoy nuestro pan de cada día !

miércoles, 20 de julio de 2011

26 GUARDIAS BIEN ARMADOS


Alguna vez has sentido la imperiosa necesidad de orar por alguien pero has decidido ponerlo en tu lista de "cosas por hacer" y te has dicho: "Oraré mas tarde". O te ha llamado alguien alguna vez y te ha dicho "Necesito que ores por mí, tengo esta necesidad ". Lee la siguiente historia que me fue enviada hace poco, la cual podría cambiar tu forma de pensar con respecto a las oraciones y la forma de orar.

Un misionero en vacaciones contó la siguiente historia cuando visitaba su Iglesia local en Michigan, EU.: " Mientras servía como misionero en un pequeño hospital en el área rural de Africa, cada dos semanas viajaba a la ciudad en bicicleta para comprar provisiones y medicamentos. El viaje era de dos días y debería de atravesar la jungla. Debido a lo largo del viaje, debía de acampar en el punto medio, pasar la noche y reanudar mi viaje temprano al siguiente día. En uno de estos viajes, llegue a la ciudad donde planeaba retirar dinero del banco, comprar las medicinas y los víveres y reanudar mi viaje de dos días de regreso al hospital.

Cuando llegué a la ciudad, observé a dos hombres peleando, uno de los cuales estaba bastante herido. Le curé sus heridas y al mismo tiempo le hablé de Nuestro Señor Jesucristo. Después de esto, reanude mi viaje de regreso al hospital. Esa noche acampé en el punto medio y a la mañana siguiente reanude mi viaje y llegué al hospital sin ningún incidente.

Dos semanas más tarde repetí mi viaje. Cuando llegué a la ciudad, se me acerco el hombre al cual yo había atendido en mi viaje anterior y me dijo que la vez pasada, cuando lo curaba, el se dio cuenta que yo traía dinero y medicinas. Él agregó: " Unos amigos y yo te seguimos en tu viaje mientras te adentrabas en la jungla, pues sabíamos que habrías de acampar.  Planeábamos matarte y tomar tu dinero y medicinas. Pero en el momento que nos acercamos a tu campamento, pudimos ver que estabas protegido por 26 guardias bien armados".

Ante esto no pude mas que reír a carcajadas, y le aseguré que yo siempre viajaba solo. El hombre insistió y agrego: "No señor, yo no fui la única persona que vio a los guardias armados, todos mis amigos también los vieron, y no solo eso sino que entre todos los contamos".

En ese momento, uno de los hombres en la Iglesia se puso de pie, interrumpió al misionero y le pidió que por favor le dijera la fecha exacta cuando sucedió ese hecho. El misionero les dijo la fecha y el mismo hombre le dijo la siguiente historia. "En la noche de tu incidente en Africa, era de mañana en esta parte del mundo, y yo me encontraba con unos amigos preparándome para jugar golf. Estábamos a punto de comenzar, cuando sentí una imperiosa necesidad de orar por ti, de hecho, el llamado que el Señor hacía era tan fuerte, que les llamé a algunas personas de nuestra congregación que se reunieran conmigo en este santuario lo más pronto posible."

Entonces, dirigiéndose a la congregación le dijo: "todos los hombres que vinieron en esa ocasión a orar, ¿podrían por favor ponerse de pie?" Todos los hombres que habían acudido a orar por él se pusieron de pie, el misionero no estaba tan preocupado por saber quienes eran ellos, mas bien se dedico a contarlos a todos. . .. . . . . en total 26 hombres.

lunes, 13 de junio de 2011

ORACIÓN DE MARTÍN LUTERO ANTES DE PRESENTARSE ANTE LA DIETA DE WORMS


“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir su quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal.  Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya.  No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma.  Empero, la causa es tuya; es justa, es eterna.  ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca! No pongo mi confiaza en ningún hombre. ¡DIOS MIO, DIOS MIO, ¿NO ME OYES? ¿ESTAS MUERTO? NO; NO ESTAS MUERTO; mas te escondes. Dios mío ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado.  Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera desconyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén”.